José Luis Morales y Marin

Profesor Titular de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro de las Asociaciones Nacional e Internacional de Críticos de Arte
Catálogo del Museo Provincial de Albacete 1989

El artista Hans-Dieter Zingraff, aunque nacido en la ciudad de Karlsruhe, Alemania, y debido a los muchos años de residencia en tre nosotros, puede ser considerado dentro del grupo de constructi vistas españoles, que a partir de un rotundo cambio en los plantea mientos de esta tendencia, viene llevando a cabo su labor en las últimas décadas, y entre los que podemos citar los nombres de Jo sé Maria Iglesias, Luis Caruncho o Gómez Perales.

No obstante, la amplia producción de Zingraff no se queda en lo meramente constructivo, sino que en su producción podemos en contrar otros caminos para sus investigaciones, aunque siempre den tro del campo de lo geométrico a la búsqueda de un equilibrio que se fundamenta no sólo en el juego compositivo sino también en la combinación de materiales —tanto en soporte como en la misma ma teria plástica— que utiliza para la consecución de sus productos ar tísticos.

La huella de su apuntada residencia española se ha ido tradu ciendo paulatinamente no sólo en el proceso evolutivo de la forma, sino también en el personal y cálido cromatismo que ha resultado en sus obras, en degradaciones sutilísimas y armónicas, y en todo momento dependientes del armazón geométrica que las genera, pre dominando y dentro de nuestras preferencias, el blanco y el amarillo.

Un verdadero hallazgo en la obra de Zingraff, y en un punto al que antes hacíamos referencia, lo constituye su particular fórmula de una técnica como es el «collage». Y no solo la elaboración de este trabaja, sino la misma manera de introducirlo en la composición.

Y para todo ello, el artista cuenta junto a esas dotes precisas, y a esos resultados de trabajo continuada, con una sensibilidad que

traduce originalmente una intimidad espiritual y mental de gran inte rés, capaz de expresar y transmitir un encalmado cúmulo de sensa ciones y alientos que calan inmediatamente en el ánimo del espec tador.

De esta forma, y consecuentemente con todo lo apuntado, la validez y magnitud de esta obra supone al mismo tiempo el alcance de una modernidad sin estridencias, basada en el cientifismo de la gran tradición del abstractismo geométrico del siglo XX, y al mismo tiempo alentada por el directismo de lo aportada como verdadera novedad en la minuciosa concepción plástica que Zingraff toma co mo punto de partida para su creatividad.

Y hay algo más. La apertura de soluciones que queda en cada cuadro, lo que apunta infinidad de caminos para su continuidad; ya que no se trata de una producción cerrada, de fórmula «acabada» y repetitiva como ocurre con tantos y tantas pintores en nuestro mo mento, sino que la riqueza de planteamientos y de matices que se advierte nos proporciona la clara esperanza de una continuidad as cendente y desde la misma coherencia de cuanto hoy se ofrece en un alarde de aciertos de la más alta estimativa.