Hans Dieter Zingraff, en la galería Atlántica Ánxeles Penas, Domingo 24 Junio 2001, “ El Ideal Gallego “

Hans-Dieter Zingraff, pintor alemán afincado en España, ex pone por primera vez en nuestra ciudad y lo hace con una obra que, si bien en principio puede encuadrarse dentro de los abstractismos de tipo geo métrico, campo ya muy abona do, sorprende por lo novedoso de su realización. Porque su “geometría“ rompe todas las re glas del perspectivismo clásico para crear arquitecturas inédi tas, relaciones espaciales insos pechadas y territorios plásticos en los que las leyes de la grave dad y del equilibrio habituales dejan de imponerse para dar paso a construcciones que parecen como sostenidas por milagro sobre un ámbito aéreo o suspen didas al borde del vacío.

Las formas preferentemente elegidas son las rectangulares y trapezoidales, a menudo coloca das en escorzo o sobre planos in clinados, con lo cual rompe el estatismo de los planos horizon tales, sugiere dinamismo y crea un “au dela“ que continúa fuera del marco del cuadro. Igualmente, la tridimensionalidad aparece insinuada, ya por la forma normal del “trompe l‘oeil‘, ya por métodos más innovadores como los collages de fotos de ar quitectura colocadas en posicio nes irreales o inverosímiles, ya por la superposición de dos o más tablas que dejan un vacío entre ellas, ya por la introduc ción de luces detrás de los so portes que producen un juego de delicados claroscuros. Con la combinación de todos estos métodos consigue transmitir la ilu sión de múltiples perspectivas imbricadas, de dimensiones que se interaccionan y se interpenetran, de vasos comunicantes entre exteriores e interiores, cuya función, incluso; puede invertir se dependiendo, ya no solo de la posición que el pintor les ha sig nado, sino de la mirada del con templador.

Así, aquello que en una primera mirada parece estar emergiendo hacia fuera, en una se gunda puede producir la impre sión de que se adentra hacia una hondura indefinible. Del mismo modo, las relaciones de verticalidad y de horizontalidad son intercambiables: lo que era techo puede ser suelo, lo que era pared puede convertirse en lla­nura, lo que da la impresión de cielo puede devenir en vastedad marina, lo que parece un ángulo de una cornisa plana de un edi ficio moderno también puede verse, sin forzar mucho la imaginación, como un techo trian gular o el remate picudo de una pagoda.

Lo que Hans-Dieter nos ofre ce es usa metáfora de ln-percepción, con cierta similitud de pro pósito con las edificaciones labe rínticas de Escher, el cual de muestra que en un plano bidi mensional, el arriba y el abajo, el delante y el detrás no son sino juegos visuales establecidos por convención, representacio nes virtuales.

El pintor alemán nos desvela también estas trampas, pero lo hace de tal modo que sus construcciones cautivan y, aún den tro de la sobriedad compositiva a que las somete, abren territo rios de fantasía, ventanas hacia parajes nunca explorados, cla raboyas que se adentran hacia la noche profunda, corredores y pasillos acristalados, transpa rentes que horadan la lisa opa cidad de los muros, galerías y pasadizos que tienden redes de comunicación y escalas hacia lo oculto.

Es ta obra sólo es ra cionalista en apa riencia y nos encanta por que lo que, en realidad, inspira es in sensación de restar ante pasajes mágicos, ante grietas o “agujeros de gusano“ (como los llaman los astrofísicos) que per miten el rápido acceso hacia los universos paralelos o la tan ca careada cuarta dimensión. La aparente contigüidad de los pla nos no es sino usa metonimia, de lo lejano y de lo insondable que el ojo aproxime. El uso de varios puntos de fuga acentúa esta sensación de entrecruzados espacios y de dimensiones su perpuestas.

El tratamiento del color, de tonos lisas, suaves y nacarados, contribuye a la sensación de ar monía y de sosiego que las líne as ortogonales ya han delimita do de antemano: estos son espa cios vivibles — pensamos —, hechos por y para el hombre. Pero no nos engañemos una vez más, debajo de esa apariencia de quietud, de ese estatismo, el infinito nos llama; las paralelas se convierten en divergentes, los cubos se convierten en pirámides y lo ilimitado nos invita a salir de esos cajones que cons truimos, para adentrarnos por los caminos de la propia bús queda interior o por las sendas que llevan a la ultra realidad y a las geografías incógnitas.